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no se declara la nulidad de las hechas por la au¬ toridad à quien corresponde. A su efecto se ha pasado el espediente à la comisión permanente de de la muy honorable junta departamental.

Es muy conocida la grande devoción que el pueblo del Cuzco tiene à la imagen de la Vir¬ gen de Belen que se venera en la parroquia de este nombre. En todas sus calamidades há sido su refujio, y es constante la tradición de que siempre ha recibidoo consuelos. La escaces y a¬ trasado de las aguas en este año presagiaban al ham¬ bre, y la mayor parte de las sementeras se veían perdidas. Se clamó por la bajada de la Virgen, y un día antes de ella comenzó à aparecer un nublado al que succedió una ligera tempestad a¬ compañada de algunas gotas: más en el día mis¬ mo que era conducida en procesión solemne à la Iglesia Catedral acompañada de un numeroso gen¬ tio, cuatro cuadras antes de llegar à ella, cayó un aguasero tan fuerte que casi hizo desaparecesr en¬ teramente el acompañamiento, y la Virgen lleva¬ da precipitadamente à la Iglesia participó en mu¬ cha parte de las aguas. Desde ese día ha llo¬ vido sin interrupción atribuyendose a favor espe¬ cial del Cielo por la intercesión de esta Señora. A los nueve días ha sido conducida à la Iglesia de san Francisco donde se le hacen las depreca¬ ciones ordinarias à que concurre mucha gente. Este suceso há exitado una contienda misteriosa y secreta enter los espíritus fuertes y las almas piedosas, à cuyo favor está la realidad del hecho, argumento irresistible en medio de los desvios y flaqueza del espíritu humano

El viernes 21 de diciembre presentó el cole¬ jio de Ciencias un exâmen público de Gramática latina con 28 alumnos en que se desmpeñaron completamente con inteligencia, desembarazo y exâctitud. El sábado 22 presentó el mismo co¬ lejio otro exâmen de Derecho de gentes con 5 alumnos con igual suceso y lucimiento.

COMUNICADO

CONVERSACIÓN.

Don Roso. ¡Oh! señor don Belloso donde bueno à esta hora? Don Belloso. A casa mi amigo dando al diablo la policía de esta ciudad: vea U. la noche tan obscura, son más de las o¬ cho y no hay una luz en las calles. D. Roso Pues apuradamente yo venía notando eso mismo, porque acabó de dar un resbalón por hay arriba en una cáscara de tuna que casi voy à dar con¬ tra el suelo. D. Belloso Cáscara de tuna! Cás¬ cara de tuno mi amigo, porque el perfume que U. trae lo dá à conocer claramente, à menos de que no esté U. acatarrado. D. Roso Hombre! Me parecía que era cosa de la acequia. D. Belloso Querrá U. decir que las acequias de las calles son destinadas para esa diligencia—D. Roso

Vaya....pero al menos....Jesus!....que es eso? Don Belloso Que ha de ser: que casi me rom¬ po la crisma tropesando en un adobe ò piedra ô demonio que estaba en la misma vereda. Se ríe U? Pues amigo no es de mejor condición lo que U. lleva consigo que ya hace molestia su vecin¬ dad. Don Roso Vamos y de que proviene que haya tanto descuydo en el alumbrado? Don Bel¬ loso No lo entiendo mi amigo [No apure U. mucho que nos exponemos à llegar con una pier¬ na menos à nuestras casas] Yo he oido decir que el señor Prefecto dá órdenes rigurosas para el caso: el Comandante de policía es activo.... Don Roso Dependerá tal vez esto de la pobre¬ za de las gentes, según lo que se oye jeneral¬ mente. Don Belloso Pobreza! Pues vea U. esta calle: apuradamente estamos en la puerta de un señor Canónigo, esas casas que siguen son de empleados y no hay un farol, y entre los dos únicos que hay puestos, el uno está en aquella tiendesuela que no ganará dos reales al día, y el otro en la casa de un pobre vecino. Don Roso Es mi amigo que a esos se les carga la romana. Don Belloso Si. Los otros son personas de respeto y se les tiene miedo, porque si se les dice algo, allá van recursos, gritan à robo, à iniquidad, à desvergüenza à odio particular &c. Esos señores sí salen de noche à la calle, van con dos ò tres pages, faroles de à vara, à paso de minuete pro¬ pio de su categoria, a pausa natural, y con un maes¬ tro de ceremorias por delante que les van dirijiendo el camino y los pasos. D Roso Pero vamos al ca¬ so ¿qué han de hacer sino se cumple con lo que mandan? Don Belloso. Amigo, hacerse obedecer, insistir hasta que lo cumplan y fijar en el pueblo la costumbre. Diga U. ¿qué fruto sacará U. de un muchacho que mande à la escuelta, y que no vaya sino un día y deje de ir ocho, aunque U. en cada falla le tire una soba à la antigua? Pues el pueblo es lo mismo que este muchacho: necesita que todos los días se esté sobre él....erre que erre....y que cuando no vaya à la escuela, lleve en ese mismísimo día. ¿Què importa que cuando llega un caso que llama la atención, se den òr¬ denes, se ponga en vela todo, andén los vijilantes muchacando puertas, dando gritos por todas las calles, y atropellando con sus caballos à todos las calles, y atropellando con sus caballos à todos los que cursan, me entiende U? por ellas, si pasado este caso se relaja todo, todo se olvida, y todos vuelven à su descanso, à su cuartel y à sus ma¬ ñas? Don Roso. Pues digo à U. que ni aun con tal asiduidad se logrará lo que U. desea en nues¬ tro pueblo. Don Belloso. Pues si no alcansase este medio, porque no se buscará otro? Que amigo! la policía de una Ciudad y con dotación, es cosa de beso à U. las manos y abur? Don Roso. Pero que otro medio halla U. si este no es bastante. Don Belloso. Vaya....otro día se lo diré à U. Ahora ya estoy en la puerta de mi casa, gracias à Dios: aguarde U. si gusta, le da¬ ré un farol para el camino que le falta à la su¬ ya. Don Roso. Mil gracias. Don Belloso. Que es mil gracias? Quiere U. ò no quiere? Mil gra¬ cias no se sabe si es acetar ò no acetar. Don Roso. No aceto. Don Belloso. Pues à Dios ami¬ go. Vayase U. despacio, y no olvide echar un guante à esa cascara de tuna que tiene en el pie antes de entrar en su casa.

Imprenta pública por P. Evaristo Gonzalez.

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Este periódico saldrá à luz todos los miércoles.

Los avisos que no pasen de diez renglo¬ nes, se insertarán, abonandose cuatro reales por la primera inserción, y dos por las sub¬ secuentes. Los que ecsedan de dicho núme¬ ro de convenio con el impresor GONZALEZ.

Dichos avisos deberán estar en la im¬ prenta cuando más tarde el martes al medio día; de lo contrario quedarán para el nume¬ ro siguiente.

Se admiten los remitidos que firmados por personas conocidas sean dirijidos à los Edi¬ tores de este periódico, ò al Director de la Imprenta.

N. 4.o) Cuzco, miércoles 9 de enero de 1833. (MEDIO REAL.

Continua el articulo suspenso en el numero 3.o

La discordia superando los muros del con¬ greso se ha hecho trascendental al pueblo y ha criado sus partidos. Cada uno de estos ha dis¬ currido precipitadamente contra el otro, mientras la nave del estado corria riesgos y peligros. Con¬ siderandose cada Diputado toda la nación, habrá jurado el exterminio de sus contrarios, y con el azote levantado para el que respire sin forma ni tramite, habrá creido que el mundo entero debe sofocar sus quejas, bajar la cerviz y someterse à toda clase de resoluciones. Personalizada así su misión, habra tratado de hacerla refluir sobre es¬ tos fines y también por consiguiente sobre su propia conveniencia. Habrá recavado las provi¬ dencias más antilegales à su favor pues careciendo de regla fija, no tiene que dar cuenta de su con¬ ducta, y habrá prodigado premios y recompen¬ sas para si y sus relacionados; al paso que à pretesto de beneficencia habrá cortado tal vez los recursos de que vive la República, sofocando por no estar en las conexiones intimas de la econo¬ mia hasta sus más equitables arbitrios establecidos.

Un congreso es la más formidable de las potestades por lo mismo que puede disponer à su arbitrio de la suerte jeneral de los pueblos y de los hombres. Es toda la nación bajo de un concepto moral, pero no puede ser toda en ra¬ zón de sus intereses y derechos, si hay leyes di¬ vinas inmutables y si hay recta razón en el hom¬ bre. Desde que estas sean transtornadas, desde que se hiera la equidad natural, debe ser permi¬ tido à los pueblos reclamar estos mismos inte¬ reses y derechos, y reclamarseles ante si mismos que es lo que importan las convenciones. En la que se le aproxima al Perú, debemos fundar nues¬ tras esperanzas.

Si la deviación del sagrado objeto à que son llamados los diputados, aunque dependiente en parte de la corrompida estructura del corazón humano, depende más como es visto, del terrible salvoconducto de su irresponsabilidad, garantisada con la instabilidad de nuestras instituciones infan¬ tiles ¿qué nos queda sino clamar altamente por su remedio?

La responsabilidad de los Diputados debe ser pues la primera sanción de la convencion, des¬ pues de la calamitosa experiencia que la falta de aquella ha producido sobre nuestras cabezas.

Al censurar la conducta de nuestros Dipu¬ tados, estamos muy lejos de comprender à todos. Hemos visto con satisfacción que una parte de ellos ha tratado de sostener los intereses de la Nación, y que reducida casi siempre à la defen¬ siva, no ha podido hacer el bien que se propo¬ nía: efecto de su buena indole más bien, que del amparo de la ley. Si algunos proyectos omino¬ sos al Estado, han sido justa y felizmente para¬ lisados, esto no ha sido debido tal vez sino à los nobles esfuerzos de estos virtuosos ciudada¬ nos: victoria rara, como son raras las de la vir¬ tud. ¡Que de veces habran sido seducidos y ar¬ rastrados por el torrente!

Estas observaciones, en las que casi no he¬ mos hecho otra cosa que seguir la analisis del periodico titulado la verdad nos conducen à ser más cautos en nuestras elecciones futuras; à bus¬ car para nuestros Diputados hombres animados de sentimientos de pureza y patriotismo; à no de¬ jarnos seducir de vanas y aparentes promesas: à desconfiar en suma de los aspirantes. El hom¬ bre útil y de rectitud no mendiga los puestos: es necesario buscarlo en su retirado reducto. Mien¬ tras que la ley no sujeta à los miembros del po¬ der lejislativo à una rigurosa responsibilidad co¬ mo à los demás poderes, es preciso valernos jui¬ ciosamente de los únicos recursos que nos ofrece el sistema todavía dificil è incompleto de nues¬ tras instituciones.

Para acreditar nuestro juicio, insertamos el rasgo siguiente del periódico titulado,

LA VERDAD.

En lugar de una conducta tan sencilla, tan clara, y tan precisa (es decir de reducirse esclu¬ sivamente à la estrecha ejecución de las funcio¬ nes puramente economicas) ¿qué han hecho las cámaras representativas? Lejislar sobre todo cla¬ se de materias, discutir innumerables cuestiones personales, empezar y abandonar en seguida el ecsamen de varias proposiciones, verter à manos llenas sueldos y gracias, atacar al poder ejecuti¬ vo, concluir el periodo ordinario de sus reunio¬ nes, y aproximarse al término del mes aumenta¬ do sin haber siquiera manifestado el más lijero síntoma de curiosidad, (no ya de interés) en la grande, importante y vital cuestión de la hacien¬ da pública. El ministerio de hacienda presentó

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el estado en bosquejo de los ingresos, y no hu¬ bo un diputado que preguntase en qué se habían invertido. Manifestó un déficit enorme, y à na¬ die se le há ocurrido la idea de proponer un simple arbitrio para llenarlo. Su succesor há ocurrido de nuevo quejándose de la desnudéz del erario, y fijando en noventa mil pesos mensuales el vacío de sus entradas ¿Qué há ocurrido de nuevo quejándose de la desnudéz del erario, y fijando en noventa mil pesos mensuales el vacío de sus entradas ¿Qué há respondido el Congreso? Que se reconozca el crédito de Fulano, y que à Sutano se le paguen tantos pesos de sueldo. Se aproxîma el último día de las sesiones, y permanecemos en la mis¬ ma inacción. Se retirarán los señores diputados y senadores à sus casas, y ahí queda la admi¬ tración abandonada así misma, rodeada de acree¬ dores hambrientos, reducida à sus propios re¬ cursos, y condenada à servirse de subalternos descontentos porque no tienen que comer, y de quienes nada puede exîjirse, porque un servidor à quien no se paga, parece absuelto de sus o¬ bligaciones; ¡y con estos antecedentes se há que¬ rido hacer esa vana ostentación de patriotismo, esa farsa de acusación, ese estrepitoso ataque à un poder privado de los medios que la Consti¬ tución le confiere! Si el ejecutivo la há infrin¬ jido ¿las cámaras la hán observado? Y si és¬ tas no hán querido ò no han podido seguir la línea que ella les prescribe ¿con qué derecho re¬ claman esto mismo del Gobierno?

La ley fundamental no ha querido imponer el peso de la responsibilidad à los representan¬ tes de la Nación. Es cierto: no hay acusación, no hay castigo para el cuerpo lejislativo que in¬ frinja sus deberes. Más por esto ¿se ha de creer autorizado à infrinjirlos? ¿A donde nos llevaría semejante doctrina? Cuando el cuerpo lejislativo procede tan abiertamente contra el pacto, lo de¬ cimos sin escrúpulo, el pacto está roto. La in¬ violabilidad no puede conducir al despotismo; la nación se há reservado el derecho imprescripti¬ ble de la propia defensa, y antes que la ley escrita es la eterna è inestinguible de la propia conservación. No se diga que propagamos una doctrina peligrosa, ni que exîtamos à la violen¬ cia y à la revolución. Conocemos el temple de la nación Peruana, y sabemos que no se halla espuesta à sumerjirse en el caos de la anarquía. Su buen sentido natural le hace conocer cuan imposible es llegar à la perfección en los prime¬ ros años de una exîstencia enteramente nueva, cuantos ensayos y cuantas tentativas son necesa¬ rias antes de plantar sólidamente el complicado mecanismo de un gobierno liberal, y que debe ser animado en todas sus partes por la razón, por la justicia, y por un conocimiento esacto de las obligaciones y prerrogativas mútuas. Sere¬ mos los primeros en inculcar por medio de nues¬ tros escritos y de nuestro pobre influjo el respeto más inviolable, la sumisión más ciega al congreso, y à sus determinaciones.

REMITIDO.

Señores Editores. En un papel titulado El co¬ cacho ha salido à luz un calumnioso remitido ba¬ jo el epigrafe de cocacho à los soldados. Como amigo de la verdad y de la justicia no he podi¬

do tolerar las falsedades que se leen en él. En estos tiempos más que nunca se ve con satisfac¬ ción jeneral el arreglo y subordinación de la tro¬ pa que guarnece la Ciudad. Si esto es notorio, es más constante la vijilancia de sus Jefes y ofi¬ ciales en conducirla por el sendero de la buena moral y disciplina. Uno que otro desorden de poca entidad es tan inevitable en los soldados, como lo es en los mismos paisanos, y toda co¬ munidad adolece de males que no es posible pre¬ servar enteramente mientras el hombre esté com¬ puesto de carne y de sangre. Es una calumnia intolerable la de asegurar que salen à los cami¬ nos à apercollar viveres y combustibles, siendo así que el Jefe del Batallón se provee de estos renglones por contratas particulares, y no ha lle¬ gado à su noticia que alguno lo haya hecho pri¬ vadamente, ni podría hacerlo puesto que en cual¬ quiera reclamación sería castigado severamente. Es más grave todavía la calumnia, cuando se a¬ grega que en caso de resistencia son aporreados los internadores, ò se les cargan de puñaladas: des¬ vanecido el antecedente estaba desvanecida por consiguiente esta segunda parte y los casos de aporreadura y puñaladas no podían quedar en secreto à la vista de un público entero que hᬠce el mayor alto en el más pequeño incidente. Este testimonio convence plenamente de la fal¬ sedad de la imputación, y convence más el no haber en ningún tribunal causa de este orden, ni haber en ningún tribunal causa de este orden, ni haber llegado à noticia del Comandante Jene¬ ral y demás jefes. Un homicidio perpetrado por un soldado en días pasados sigue el orden de su juicio con el rigor de la ley; su resultado será el que determine ésta. Los robos que se im¬ putan son falsos y al calumniador es à quien se le há oido por primera vez. Los soldados duer¬ men en su cuartel y no se les deja salir de él después de la lista de la tarde. Algun otro que es licenciado, lo es después de bien probada su honradez. Si hay ladrones, nueva impostura por¬ que felizmente no se oye de ellos en la capital, no serán solos soldados, también podrán ser pay¬ sanos como acaece en toda población. Felizmen¬ te no los hay como se há dicho, y à nadie se oye decir que se le haya quitado la capa, el pa¬ ño ò la corbata. El calumniador por trisca apu¬ ró este Bocabulario con agravio del honor del Batallón que se jacta de ser ejemplar y subor¬ dinado, que por tal merece la confianza y apre¬ cio del vecindario, y cuya oficialidad vive de su celo y desempeño. Que los soldados piden pe¬ setas es otra calumnia: si no lo han hecho à sus oficiales ò à los camaradas de estos en los días de Pascua con los modos y agasajo que son pro¬ pios de esos días, no se podrán señalar tales a¬ venturas en el modo con que se pintan en el Co¬ cacho, tornando las acciones más sencillas y usuales en crímenes. El calumniador después de acumular frases indecorosas contra la Tropa, ha¬ ciendo finalmente del hipócrita, exîta el celo de los oficiales al remedio, siendo así que estos no necesitan ni hán necesitado jamás de estímulos tan miserables para llenar sus deberes, y soste¬ ner su créditos y su honor.

Un amante de la verdad.

IMPRENTA PÚBLICA POR P. E. GONZALEZ.

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Este periódico saldrá à luz todos los miércoles.

Los avisos que no pasen de diez renglo¬ nes, se insertarán, abonandose cuatro reales por la primera inserción, y dos por las sub¬ secuentes. Los que ecsedan de dicho nume¬ ro de convenio con el impresor GONZALEZ.

Dichos avisos deberán estar en la im¬ prenta cuando más tarde el martes al medio día; de lo contrario quedarán para el núme¬ ro siguiente.

Se admiten los remitidos que firmados por personas conocidas sean dirijidos à los Edi¬ tores de este periódico, ò al Director de la Imprenta.

N. 5.o) Cuzco, miércoles 16 de enero de 1833. ( MEDIO REAL.

Es llegado el tiempo de que pongamos en ejercicio nuestros derechos; esos derechos que hasta aquí no han pasado en la mayor parte de una pura teoria. Se nos convoca à la Conven¬ ción, es decir à reformar ò establecer de nue¬ vo el sistema de nuestras leyes y gobierno. Los pueblos conservan un derecho de soberania, el de elejir sus apoderados: único derecho que contrabalancea de algun modo el terrible peso de sus deberes y contribuciones: mal estimado por¬ que aun no se conoce completamente, no se ha visto su importancia, no se han percibido sus uti¬ lidades: mal ejercitado por las trabas que se le han puesto, por la oneroso de su ejercicio, por lo insignificante de su investidura: defectos que si en parte son inevitables en un sistema repre¬ sentativo, proceden à más de la imperfección en la organización de sus instituciones. El salto rᬠpido de la practica de la tiranía à un liberalis¬ mo riguroso ha debido producirlos. Nuestra pru¬ dencia debe suplir estas faltas, acomodando nues¬ tras antiguas costumbres al bello prospecto que nos presenta nuestra posición política.

En cuatro años que ha rejido la Carta cons¬ titucional, sin ahorarnos males, no hemos alcan¬ sado amejorar, ni à hacer progresar nuestra suer¬ te social. El único daño que por fortuna hemos podido evitar, sin ejemplo en las Repúblicas que nos rodean, ha sido la explicita anarquía: pero este beneficio ha sido debido más bien à las per¬ sonas que à los principios. Estos han exaltado extremamente las libertades, sin que la ley les haya señalado barrera, y las garantías colocadas en la cima de su estación han dado el más fran¬ co acceso al torrente de las pasiones. El poder ha debido su establicidad à sus esfuerzos y arbi¬ trios personales, y la casual concurrencia de es¬ tas potencias ha salvado la nave de la Repúbli¬ ca de peligros y naufrajios inminentes.

Una posición tan versatil en los poderes de la Nación está muy distante de rectificar la mar¬ cha de la sociedad, y unos derechos tan limita¬ dos en los pueblos es imposible que puedan dar¬ les enerjia: el bien ha de ser practico y segu¬ ro para que exite el interés común; las especu¬ laciones è instabilidad de cosas no hacen más que arrastrar à la abyección y apatia, à la inmorali¬ dad y corrupción. Por desgracia es lo que ve¬ mos en nuestros pueblos, y este letargo tan omi¬ noso clama por el remedio más pronto y vivifi¬

cante. En las frescas convulsiones de nuestra re¬ jeneración política, sin libertad para observar el campo que teníamos que recorrer, acaso nos con¬ cebimos todos, capaces de producir un mundo nuevo y perfecto: acaso también esas mismas con¬ vulsiones fueron obstaculos insuperables à cimen¬ tar con armonia y firmeza los planes à que nos llamaba el destino. La experiencia y el suceso nos han esclarecido acerca de esta espectativa, por no decir arrogancia, y más cuerdos y más advertidos à fuerza de sufrimientos, nos hallamos en el caso de poder colocar la primera piedra fundamental del edificio con acierto y solidez.

Desde los primeros colejios electorales de¬ ben pues comensar nuestros esfuerzos. Necesi¬ tamos desde luego investirnos de espiritu públi¬ co, único resorte en que estriba la prosperidad nacional. Solo él puede hacernos formar el ver¬ dadero criterio de las personas, y dar à las elec¬ ciones el impulso correspondiente. Los males que han cargado sobre nuestras cabezas, el poco fru¬ to que hemos deducido de nuestros pasados tra¬ bajos, nos advierten de nuestro celo y vijilancia. La empresa es delicada y trascendental; la aus¬ teridad de los medios para alcansarla debe ser eficaz y circunspecta. El interés por la Patria, la inclinación al bien jeneral, virtudes cifradas en el espiritu público, constituyen el todo de la Nación y sostienen la suerte del individuo. Ca¬ da uno es obligado á este saludable esfuerzo. La sociedad es una masa heterogenea compuesta de principios contrarios; hay hombres virtuosos en ella como hay malvados y perversos: por fortu¬ na la del Perú, se puede decir sin vanidad, abun¬ da de los primeros: atribuyase en hora buena à su clima y educación, es la confesión de todas las Naciones del mundo: la paz de que goza es su feliz rseultado, mientras que los demás pue¬ blos en sus sacudidas políticas se avanzan rapida¬ mente à su exterminio.

Tampoco le faltan al Perú hombres ilustra¬ dos en la ciencia de conocer el orijen del bien y del mal; ciencia intimamente connexa con la buena fabrica del corazón. Virtud y luces son los manantiales de donde nacen la prosperidad y el acierto: virtud y luces harán nuestra felici¬ dad y nuestra gloria. Horror eterno à los as¬ pirantes, y mal intencionados, à los demagogos

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y ambiciosos. Fáciles de conocer, su conducta anteacta, nunca puede encubrirse ò disfrasarse: jamás abrigarán en su corazón el jermen de la beneficencia; huyamos de ellos, de sus seduccio¬ nes è intrigas.

Cuzco enero 16 de 1833.

Señores Editores del Observador.

No puedo menos que dirijir à UU. esta li¬ jera comunicación, como un desahogo del con¬ flicto que siente mi corazón, lo mismo que de¬ be suceder en el de todo peruano sensible por los males de su Pátria, procedentes de la más punible inacción ò apatía.

Ayer me hallaba paseando con unos amigos en los portales de comercio, cuando se reunie¬ ron unos cuantos sugetos de este giro. Se ofre¬ ció conversación sobre el asunto dominante del día; es decir, de la reunion de Colejios Elec¬ torales para Diputados à Convención. Uno de estos comerciantes se produjo con la más fran¬ ca serenidad, de que no podía ser elector à cau¬ sa de que su patente no importaba más que dos pesos, y que por tanto estaba comprendido en la restricción de la ley. En seguida continuó el otro, asegurando que la suya contenía la mis¬ ma cantidad, y que todo el comercio se hallaba bajo de este mismo catastro y el que más con cuatro pesos al semestre, Una terrible confusión ocupó mis sentidos, al ver esa preferencia rate¬ ra de la comodidad particular al interés de toda la Nación Peruana. ¿Podremos creer que los comerciantes de esta Capital tengan solamente el producto de ciento y doscientos pesos de sus crecidos giros, mientras un miserable indíjena contribuye por su tasa los ocho y nueve pesos? ¿Es posible que tan miserable economía, ò más bien diré, una ridícula estafa al interés Nacio¬ nal, prive de tan augustos derechos de represen¬ tar la Soberanía à unas personas idóneas y ap¬ tas, que pueden discernir la justicia en las elec¬ ciones? Esta escandalosa táctica há entregado los sufragios en mucha parte al arbitrio de las clases despreciables de las parroquias, cuya ig¬ norancia se há inclinado las más veces al Sans¬ culotismo. Me esplicaré más claro en obsequio de las personas sensatas, que con responsibili¬ dad, juicio y talentos han concurrido ó desem¬ peñar estas funciones que corresponden à la pú¬ blica prosperidad y justicia distributiva. Una mitad ò más de los que han compuesto los Cole¬ jios Electorales de Provincia, pregunto; ¿han si¬ do conducidos por el espiritu del interés público y de la suerte de la Nación? ¿Que há resul¬ tado de ese defecto de nuestras leyes reglamen¬ tarias que há sido remediado en esta vez por los efectos de una dolorosa esperiencia? Los des¬ vios más perjudiciales. Yo hé presenciado en las elecciones últimas de Quiquijana, donde un Eclesiástico, que me dijeron era capitán de los REALES ejércitos, se había apoderado de todos los indíjenas de los pueblos llamados altos. Estos conducían sus votos à los adjuntos, y pregunta¬ dos por fuera si conocían à su candidato contes¬

taban, que no; pero que el yaya les había de¬ signado. Este ejemplo ha sido imitado en casi todas partes, con los electores inocentes y sen¬ cillos que han sido presa de los especuladores. Hemos tenido Diputado, que há hecho servir su descendencia de los antiguos incas, según decía, para adquirir la elección y pagar à sus deudores desde ese momento con las dietas de su nuevo destino. Otro que desde Arequipa há hecho dis¬ tribuciones de igual clase por haber hipotecado sus dietas à sus acreedores. ¿Recibirán los pue¬ blos mejoras de esta clase de representantes?

¡Ciudadanos! Yo invoco vuestra justicia para las elecciones de los diputados para la Magna Asam¬ blea, que va à decidir de la suerte del Perú. De ellos depende nuestra vida social ó nuestra completa ruina. Un Peruano.

Señores editores del Observador:

La consideración al honor im¬ pide las más veces que los hombres manifiesten al público el estado privado de su vida; pero también el propio honor ecsije especialmente en el sistema republicano que se publiquen cosas que no debían hacerse. El que suscribe tiene la necesidad de hacerlo así en orden à la sepa¬ ración en que vive de su consorte: en cuyo com¬ probante se servira U. insertar el siguiente auto judicial—Cuzco y enero 10 de 1833—Autos y vistos: y en consideración de que doña Marga¬ rita Leon muger legítima del licenciado don Ma¬ nuel Palomino no se há opuesto ni reclamado contra la sumaria información recibida acerca de su conducta inmoral y escandalosa sobre la fi¬ delidad de su matrimonio estando citada perso¬ nalmente; se declara que la separación en que se halla su marido no puede ser motivo para la suspención del ejercicio de ciudadano en que se mantiene en quieta y pacifica poseción, en la que se le ampara desde luego para que no sea perjudicado. Entreguesele orijinalmente para los usos que le convengan,—Doctor Miguel Mauri¬ cio Vargas—Ante mi Julian Tupayachi—An¬ tes de esta declaratoria, hé sido electo síndico procurador en cuya poseción hé servido por tres años, también hé sido nombrado por la Illma. Corte Superior de Justicia Juez sostituto más antiguo de Derecho de esta capital y hé desempeñado otras comisiones que me han he¬ cho honor, las que solo se confían à hombres de bien. En vista pues de todo, estoy cier¬ to de que mis compatriotas formarán otro con¬ cepto del que tal vez se formaron. Soy de UU. su atento S. S. —Manuel Palomino.

SE VENDEN —

Las tierras de Aillipampa y Cajaspampa situa¬ das en Arcopunco cerca de la Pólvora: el que guste comprarlas hable con el D. D. Juan Cazorla.

En las tiendas de los señores Otazu y Cam¬ pos se venden ejemplares de la nueva traducción de los derechos Natural y de Gentes de Heinec¬ cio, à cuatro pesos cuatro reales cada uno.

IMPRENTA PÚBLICA POR P. E. GONZALEZ.

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