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c.patrick at Aug 11, 2022 09:48 PM

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nes pero no señala el tiempo sino para las muy
graves. Las que presentó la proposición en lu¬
gar de poder llamarse tales, parecen más bien
en un buen sentido apéndices à ley que infrac¬
ciones; puesto que han tenido por objeto la be¬
neficencia pública. En toda legislación las de
esta clase tienen su tiempo señalado que es el
de la residencia: justamente por que en el, des¬
aparecen los peligros y comprometimientos; por
que entonces la fuerza y la opinión coinciden
con la ley y hacen acallar las aspiraciones, y por
que la misma ley prepara el medio para que no
puedan llamarse à ofendidas las personas. Es
un agravio al honor de la nación, lo es también
más irritante al mismo que representa llamarlo
à juicio antes de su periodo designado. ¿Quien
duda que se fomenta el espíritu de revolución
por este ejemplo? No justificaremos la impuni¬
dad de las infracciones de cualquier orden que
sean: ni condenaremos à los autores anciosos de
su expiación; pero jamás dejaremos de reprobar
la falta de prudencia en su provocación intem¬
pestiva, su inoportunidad y también la ilegalidad
de su precipitación tan preniciosa en los juicios
delicados y de transcendencia.

Los pueblos tienen sus derechos è intereses
que no los desconocen en medio de la ignoran¬
cia y apatia que se les atribuye. El orden y
la paz son sus aspiraciones: todo lo que trata
de desquiciar estas dos bases los sobresalta y em¬
peña. Sufriran resignados males pequeños pe¬
ro no toleraran con paciencia los que tocan à
su substancia y tranquilidad. Si es de necesi¬
dad caminar à su corriente y contemporisar con
sus afecciones, también es de justicia no des¬
viarse de su voto general. Podemos asegurar al
menos por lo que respecta à nuestro departa¬
mento como que lo tocamos de cerca, que este
vive satisfecho de la administración del actual go¬
bierno y prueba de ello es que no se le oye pro¬
rumpir en quejas contra ella manteniendose paci¬
fico y contento. Si es una verdad que el que
manda como hombre no puede estar esento al¬
guna vez de los pequeños extravios à que lo
conduce por necesidad su misma posición, tam¬
bién lo es que son muy pocos los que en nues¬
tra organización naciente reunen la opinión je¬
neral: circunstancia que se debe tener especial¬
mente en vista para poder por ella cimentar só¬
lidamente la paz, la unidad y la respetabilidad
de la República. La moderación y sistema del
gobierno actual y su opinion jeneral diga lo que
quiera la malevolencia no solo son conocidos si¬
no apreciados, y el pueblo modesto no querria
tolerar innovaciones precipitadas y arriesgadas
por pequeñas incusaciones escrupulosas ò mal¬
intencionadas.

Es necesario juzgar de este modo en las
circunstancias actuales y así es como juzgó la
mayor parte de los diputados. Sin lograr el

designio la otra parte, como debió preveer que
no lo podía lograr no há hecho más que exi¬
tar facciones y dar pávulo à la maligna vora¬
cidad de las prensas. El mal que ha resultado
es incalculable si se consideran las perdidas que
há causado. Los dos poderes fundamentales de
la sociedad el legislativo y ejecutivo han perdi¬
do mucha parte de su prestigio y respeto. La
República dividida en opinion sucume bajo del
peso ominoso de la desconfianza è inquietud. La
administración, la fuerza, la hacienda quien sabe
si sufriran relajación. Las repúblicas vecinas
tal vez entraran en cálculos y combinaciones.
Y cada una de nuestras provincias formara qui¬
za planes que acaso no podran desvanecerlos
los tiempos. Quiera el cielo que sea exage¬
rada esta perspectiva.

[Se continuará]

Señores editores: —Desde que vimos la pol¬
vadera que se ha levantado por dos de aquel¬
los periódicos que suelen de cuando en cuando
aparecerse en Lima para alagar y refinar el gus¬
to de las verduleras, mozos de esquina, gen¬
te de playa &c y sobre asuntos todos à cual
más antipatrióticos y estupendos; se me puso
que algún originario de Africa andaba metido
en ello; porque tanta congueria, tanta desver¬
güeza y tantísima basofia, solo es propio de
gente que desciende de congos y caravelies. Y
pardiez que me he salido con ello, pues ya se
pública por calles y plazas, que un chinazo con
charreteras es quien toca haciendo à dos manos,
las marimbas, calabazos y tamboriles con que
ambos periódicos nos tienen roto el timpano, y
revuelto el estómago. Lo triste es, que como
se necesita toda la impavidez y el color bron¬
ceado de nuestro chinote y el idioma que le es
peculiar para contestarle, quedará por mucho
tiempo en posesión del campo; al menos has¬
ta que se presente otro tan soez como èl y
que hable el mismo lenguaje. Pero entretanto
deberá servir de consuelo à los buenos patrió¬
tas y hombres honrados à quienes maltrata, el
saber que jeneralmente se asegura que un pa¬
riente del rey de Angola que se introdujo en
el Perú de contrabando envuelto en un salchi¬
chon de Génova és el autor de la mayor parte
de los artículos bochincheros y de todas las ne¬
gradas que se publican contra hombres que pres¬
tan al susodicho salchichon la ventaja de salirles
el rubor al rostro. Así el partido más pruden¬
te es dejarlo sin contestación para no engreir
à ese canalla, que no fuera tan osado, si se
le hubiese mirado desde un principio con el
asco que merece.

B. Basófia

Imprenta pública por P. Evaristo Gonzales.

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nes pero no señala el tiempo sino para las muy
graves. Las que presentó la proposición en lu¬
gar de poder llamarse tales, parecen más bien
en un buen sentido apéndices à ley que infrac¬
ciones; puesto que han tenido por objeto la be¬
neficencia pública. En toda legislación las de
esta clase tienen su tiempo señalado que es el
de la residencia: justamente por que en el, des¬
aparecen los peligros y comprometimientos; por
que entonces la fuerza y la opinión coinciden
con la ley y hacen acallar las aspiraciones, y por
que la misma ley prepara el medio para que no
puedan llamarse à ofendidas las personas. Es
un agravio al honor de la nación, lo es también
más irritante al mismo que representa llamarlo
à juicio antes de su periodo designado. ¿Quien
duda que se fomenta el espíritu de revolución
por este ejemplo? No justificaremos la impuni¬
dad de las infracciones de cualquier orden que
sean: ni condenaremos à los autores anciosos de
su expiación; pero jamás dejaremos de reprobar
la falta de prudencia en su provocación intem¬
pestiva, su inoportunidad y también la ilegalidad
de su precipitación tan preniciosa en los juicios
delicados y de transcendencia.

Los pueblos tienen sus derechos è intereses
que no los desconocen en medio de la ignoran¬
cia y apatia que se les atribuye. El orden y
la paz son sus aspiraciones: todo lo que trata
de desquiciar estas dos bases los sobresalta y em¬
peña. Sufriran resignados males pequeños pe¬
ro no toleraran con paciencia los que tocan à
su substancia y tranquilidad. Si es de necesi¬
dad caminar à su corriente y contemporisar con
sus afecciones, también es de justicia no des¬
viarse de su voto general. Podemos asegurar al
menos por lo que respecta à nuestro departa¬
mento como que lo tocamos de cerca, que este
vive satisfecho de la administración del actual go¬
bierno y prueba de ello es que no se le oye pro¬
rumpir en quejas contra ella manteniendose paci¬
fico y contento. Si es una verdad que el que
manda como hombre no puede estar esento al¬
guna vez de los pequeños extravios à que lo
conduce por necesidad su misma posición, tam¬
bién lo es que son muy pocos los que en nues¬
tra organización naciente reunen la opinión je¬
neral: circunstancia que se debe tener especial¬
mente en vista para poder por ella cimentar só¬
lidamente la paz, la unidad y la respetabilidad
de la República. La moderación y sistema del
gobierno actual y su opinion jeneral diga lo que
quiera la malevolencia no solo son conocidos si¬
no apreciados, y el pueblo modesto no querria
tolerar innovaciones precipitadas y arriesgadas
por pequeñas incusaciones escrupulosas ò mal¬
intencionadas.

Es necesario juzgar de este modo en las
circunstancias actuales y así es como juzgó la
mayor parte de los diputados. Sin lograr el

designio la otra parte, como debió preveer que
no lo podía lograr no há hecho más que exi¬
tar facciones y dar pávulo à la maligna vora¬
cidad de las prensas. El mal que ha resultado
es incalculable si se consideran las perdidas que
há causado. Los dos poderes fundamentales de
la sociedad el legislativo y ejecutivo han perdi¬
do mucha parte de su prestigio y respeto. La
República dividida en opinion sucume bajo del
peso ominoso de la desconfianza è inquietud. La
administración, la fuerza, la hacienda quien sabe
si sufriran relajación. Las repúblicas vecinas
tal vez entraran en cálculos y combinaciones.
Y cada una de nuestras provincias formara qui¬
za planes que acaso no podran desvanecerlos
los tiempos. Quiera el cielo que sea exage¬
rada esta perspectiva.

[Se continuará]

Señores editores: —Desde que vimos la pol¬
vadera que se ha levantado por dos de aquel¬
los periódicos que suelen de cuando en cuando
aparecerse en Lima para alagar y refinar el gus¬
to de las verduleras, mozos de esquina, gen¬
te de playa &c y sobre asuntos todos à cual
más antipatrióticos y estupendos; se me puso
que algún originario de Africa andaba metido
en ello; porque tanta congueria, tanta desver¬
güeza y tantísima basofia, solo es propio de
gente que desciende de congos y caravelies. Y
pardiez que me he salido con ello, pues ya se
pública por calles y plazas, que un chinazo con
charreteras es quien toca haciendo à dos manos,
las marimbas, calabazos y tamboriles con que
ambos periódicos nos tienen roto el timpano, y
revuelto el estómago. Lo triste es, que como
se necesita toda la impavidez y el color bron¬
ceado de nuestro chinote y el idioma que le es
peculiar para contestarle, quedará por mucho
tiempo en posesión del campo; al menos has¬
ta que se presente otro tan soez como èl y
que hable el mismo lenguaje. Pero entretanto
deberá servir de consuelo à los buenos patrió¬
tas y hombres honrados à quienes maltrata, el
saber que jeneralmente se asegura que un pa¬
riente del rey de Angola que se introdujo en
el Perú de contrabando envuelto en un salchi¬
chon de Génova és el autor de la mayor parte
de los artículos bochincheros y de todas las ne¬
gradas que se publican contra hombres que pres¬
tan al susodicho salchichon la ventaja de salirles
el rubor al rostro. Así el partido más pruden¬
te es dejarlo sin contestación para no engreir
à ese canalla, que no fuera tan osado, si se
le hubiese mirado desde un principio con el
asco que merece.

B. Basófia

Imprenta pública por P. Evaristo Gonzales.